jueves, 3 de mayo de 2012

Vericuetos de una traición


Orden de silencio.

Sé que estás pensando…
no soy tu propiedad.
¡Qué importa qué decís!
¡No importa qué decís!

“Proseguir, no hay nada para ver”.
“Sólo un cuerpo, nada para ver”.

Dos más al desayuno,
un té para los tres
para bajar un cambio,
para bajar un cambio.

“Proseguir, no hay nada para ver”.
“Sólo un cuerpo, disuelto en el andén”.

“Proseguir, no hay nada para ver”.
“Sólo un cuerpo, nada para ver”.

“Proseguir”
*

La traducción, que encaré como juego, me presentó el típico problema de la métrica; algunas licencias fonéticas al cantar sortean con, espero, cierta suerte las asperezas de una versión que, al hacerla, me trajo aparejado el asunto de los significados, o el sentido, más bien, de todo. ¿Qué era eso que cantaba, que me pulsaba a seguir tocando en mi mente cuando caminaba por alguna avenida llena de gente, como un mantra? Algo había con esa especie de (reponía un contexto que nunca hubo) víctima licuidificada en el asfalto, de contornos delimitados por tiza, como un muro de contención entre su deceso impensable, inesperado e imperiosamente censurable, y la realidad de la urbe inglesa, fría, atestada, implacable. Urbe que, como todo lo otro en la canción, no había yo conocido. Todavía no sabía de qué hablaba. La canción. Ni yo.
Re-hacer comporta una direccionalidad, uno es un punto que deviene vector, así ese vector tenga la fisonomía de una telaraña. Hay que definir. Se. El tea, el ‘move along’ y su difícil pareamiento con la primera estrofa me remitió a ese procedimiento tópico del que Radiohead hizo su marca registrada en OK Computer: la cita de discursos. La parodia[1], podríamos decir en términos que ningún teórico de la parodia aceptaría, empleada como collage: el corte y pegue que disloca un contexto y genera otra lectura. Cítese por solo ejemplo “Fitter Happier”, suerte de decálogo del buen yuppie ‘cantado’ por una máquina con piano tétrico y una pared de gasa sonora opresiva generada por computadora; el tema evoluciona de los esperables lugares comunes de una propaganda de tónico capilar o complejos multivitamínicos para la memoria, hasta una síntesis (tan retorcida como la partitura del tema) del sujeto sujeto por la big maquinola (a pig in a cage on antibiotics).
Quizás “Gagging order” era eso, otro collage de discursos. Gag order finalmente se me tradujo como una orden (legal) para callarse: una mordaza jurídica[2]. Terminé imaginando unas viñetas dibujadas donde una primera voz replicaba a una segunda por esa orden. No me digas que me calle. Un policía que custodia la escena (¿del crimen?) comanda a una hipotética masa que continúe con su vida… no hay nada para ver ahí. Pero por supuesto lo hay, hence the gagging order.
La otra estrofa es y no es la señora del café de la esquina, que acaso ha presenciado la escena, ahora tapada por cintas del cordón policial. Continúa. Han llegado invitados y no se hará otra cosa que tomar el té[3] luego del exabrupto en la tarde. Té, pienso, como cifra icónica de una costumbre. Té como sinécdoque de lo inglés.
Desde esa esquina quizás todavía se vislumbra entre el tumulto algo de esa escena turbia y oscura. Por un resquicio se entrevé ropa, un brazo, marcas de tiza en el piso. ‘Sólo un cuerpo deshecho en el pavimento’.[4]
Está bien, solamente es eso, hay que seguir tomando el té[5].

La canción se construye sobre una afinación particular (Do, sol, do, sol, si, re) de las seis cuerdas. Ésta permite tocarlas ‘al aire’ produciendo un acorde de Do mayor con una séptima mayor y una novena. La guitarra parece rehuir de toda disonancia, propiciando la armonía placentera, casi otoñal y arbórea del sonido como un colchón enorme. Con ese punto de partida, la melodía no huye y reposa en ese principio, jugando hasta caer finalmente en Sol. Como esas cinco de la tarde, como el olor del té, es ajeno a todo ese mundo el crujido de carne y huesos. Se impone una orden de silencio. La voz que gritó algo allá al principio es callada finalmente por la formalidad legal y tapada por las voces. La mesa con el té, los mandos que ordenan proseguir, un acorde abierto, gigante que abraza todos los rayos de la tarde y el sol: superficies de un placer (ahora, siniestro) cómplice de una trama por la que se filtra la sospecha de que somos ‘el triunfo del plan de alguien’[6].


[1] Pensada como πάροδος, contra-canto, un canto otro del primero.
[2] Alguien me confía, aquí cerca, que personas como Moria Casán suelen emplear (ella, seguida y enfermizamente) la expresión ‘bozal legal’. No espero ampararme en ninguna nomenclatura oficial, solo espero que se entienda el término.
[3] Gratuito guiño sodero para la multitumbre.
[4] “Just a body pouring down the street” emplea el verbo referido al servido del té (to pour tea). Subrepticiamente, la muerte empaña un poco las teteras. O bien, el té ahoga finalmente el mal recuerdo.
[5] Es impensable que una señorona inglesa “baje un cambio” (con esa selección léxica); no resulta descabellado en boca de una paqueta cuarentona rioplatense que quiere fingir distensión luego de un incidente que mejor no manche la tarde.
[6] Cf. Meeting people is easy (Grant Gee).


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Gagging Order, de Radiohead (traducción).





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